<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><!-- generator="FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)" --><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom">    <title>Cuentos de terror</title>    <subtitle>Cuentos de terror</subtitle>    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://2cuentosdeterror.blogcindario.com/"/>    <id>http://2cuentosdeterror.blogcindario.com/</id>    <updated>2010-08-15T13:10:07+01:00</updated>    <generator>FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)</generator><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://2cuentosdeterror.blogcindario.com/atom.xml" />    <entry>        <title>LISS</title>        <link rel="alternate" type="text/html" href="http://2cuentosdeterror.blogcindario.com/2007/12/00006-liss.html"/>        <published>2007-12-29T01:30:51+01:00</published>        <updated>2007-12-29T01:30:51+01:00</updated>        <id>http://2cuentosdeterror.blogcindario.com/2007/12/00006-liss.html</id>        <author>            <name>misterganster</name>        </author>        <summary type="html">Tengo que contarles una historia que, creo, les interesará. Supongo que la mayoria de ustedes habrán visitado alguna vez un chat de conversación, en donde, personas, de distintos lugares, que normalmente no se conocen de nada, &quot;hablan&quot;, mediante sus monitores y teclados, y entablan amistad, llegando, incluso, en los casos más extremos a surgir el, siempre imprevisible, amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues bien, yo jamás he entrado en ninguno de estos chats, por que me producen verdadero pavor; pero si son inofensivos, diran ustedes, estas solo en tú casa, delante de tú ordenador, y nadie puéde hacerte nada, argumentaran, a lo que yo les responderé: ¿Están seguros?, ¿Están realmente seguros?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La historia que he de contarles no me sucedió a mí, sí no, estaría muerto, como lo está Robert, mi mejor amigo, el protagonista de estos hechos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo ocurrió hace ya dos añós, Robert tenia 21 e iba a la universidad; estaba haciendo una ingenieria técnica en informática de sistemas y fue allí, despues de una de las clases que se realizaban en el aula de informatica, donde provó por primera vez Internet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roberto era por norma general muy timido e introvertdo (excepto con sus amigos), y, naturalmente, los chats de conversación le entusiasmaron. Descubrió que allí podía ser lo que quisiera, ser como quisiera, sin tener que preocuparse por nada, ya que nadie le conocía, nadie le podía ver. Allí podia ser un dios o ser un demonio, convertirse en un reluciente caballero, o ser el peor chulo callejero, ser abrasador como un sol naciente o frio como el hielo... En ese utópico mundo los únicos límites son los que te impone tu propia imaginación, y Robert siempre decia que su imaginación no tenía limites...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que, gracias a su imaginación, muy pronto encajó en ese mundo y comenzó a hacer amigos y, lo que a él le interesaba más, amigas. Recuerdo que un día, creo que era el mes de diciembre, vino a verme, muy excitado, contando miles de historias de Internet, lo fantastica, lo maravillosa que era; me contó que había estado metiendose con un chaval de 23 años, de buenos aires, que no paraba de insultar a los españoles. Naturalmente, Robert había vencido, y, al final, Roson, que era como se llamaba el chico de Buenos Aires, había abandonado la &quot;habitación&quot;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&quot;Después me dijo Robert, con un una sonrisa de oreja a oreja que le iluminaba la cara- he estado hablando con una chica, se llama Liss, y es de Valencia. Me ha felicitado por haber hechado al pesado de Roson, nos hemos estado conociendo, y...&quot;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que dejó estas palabras flotando en el aire, mientras me miraba y su sonrisa se ensanchaba aun más, yo sonreí a mi vez y le pregunté:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&quot;Qué, ya te la has ligado capullin&quot;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me respondió, pero su sonrisa fue suficiente...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese mismo día me dijo que había decidido comprarse un modem y un acceso telefonico para su casa. Lo único que se me ocurrió decirle fue que vigilara su bolsillo, aunque, si hubiera sabido los terrorificos hechos que aun estaban por ocurrir, habría tratado de impedirselo de cualquier manera...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Robert se marchó de mi casa y yo, sumido en la benévola ignorancía, no le dije nada. A partir de ese día cada vez lo fui viendo menos, ya que la mayor parte del tiempo estaba encerrado en su casa, conectado a internet, viviendo en un mundo creado a partir de su imaginación, hablando y enamorándose de personas a las que, seguramente, no podría ver en la vida. Por que naturalmente, se estaba enamorando, o al menos, eso es lo que él decia. Creo que seria más correcto decir que estaba conociendo por primera vez al amor, y se estaba enamorando de él; el amor se estaba abriendo lentamente en su corazón, como una dulce y fresca flor, dejendole sentir su embriagador aroma, y él estaba completamente encandilado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierta noche, casi un mes después de aquella tarde en que me dijera que pensaba comprarse un modem, vino a mi casa y estubo casi dos horas contandome cosas de la gente que había conocido por internet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dijo que estaba completamente enamorado de Liss, la chica valenciana, que en realidad se llamaba Laura y media un metro sesenta y cinco, era morena y, según decía ella, voluptuosa. También era una romantica soñadora como él y tenían muchas cosas en común; razón por la cual, me dijo Robert, se pasaban toda la noche en vela, hablando él uno con el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Laura tenía un novio, pero lo había dejado una semana después de conocer a Kyro (Nombre de Robert en el chat), por que,según parece, tenían muchos problemas y no se llevaban nada bien. Robert, que duda cabe, estaba estusiasmado con Liss, su nuevo amor, pero yo, que tenía más experiencia en los asuntos del corazón, le dije que no se precipitase, que se lo tomase con calma y que se pensara muy bien las cosas antes de hacerlas, o escribirlas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como todos aquellos que están (o que creen estar) enamorados, no escuchó mis palabras, me contestó con un: &quot;Sí, tranquilo, ya me conoces...&quot;, que solo sirvió para intranquilizarme más. Pero que podía hacer, que podía decirle para que me escuchara. En ese momento me dije que solo lo aprendería cuando lo viviese en sus propias carnes, y le dejé hacer. Ojalá hubiera tratado der convencerlo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron dos semanas hasta que volvió a aparecer por mi casa y mis propios problemas me habían hecho olvidarme de él, así que, cuando mi madre me dijo que Robert había llamado a la puerta, me alegré y le hice pasar rapidamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuevamente, un aluvión de historias inverosimiles e hilarantes llegaron con él, mas, a mí, lo que verdaderamente me interesaba era lo que había ocurrido con Liss, así que, entre historia e historia, colé, como pude, la pregunta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&quot;Oh, -contestó Robert, un tanto decepcionado- la verdad es que no lo sé, ya hace tiempo que no hablo con ella, no se conecta... Es que un día me encontro hablando Mar, otra chica, y se enfadó muchisimo, me dijo que no era más que un mentiroso y un falso, que todo lo que le había dicho, todo lo que le había contado, era mentira... Pero yo solo estaba hablando con Mar, estabamos charlando tranquilamente de libros y Liss se puso como una loca. Bueno, no he vuelto a hablar con ella, pero es igual, por que ahora hablo siempre con Mar, ¿sabes? Es de Barcelona como yo, tiene 20 años y es morena, de momento la estoy conociendo, pero he pensado en quedar con ella algún día, no sé...&quot;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras decir estas palabras una soñadora mirada se dibujó en sus ojos, y se quedó ensimismado, mirando al techo. Yo me sentía feliz, por que quería mucho a Robert y me alegraba verlo esperanzado. Si tan solo hubiera imaginado lo que iba a ocurrir...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, por segunda vez, se fue de mi casa y yo no le dije nada. No sospechaba nada...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los tres dias volvió a verme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando me avisó mi madre me quedé muy sorprendido, pués yo no esperaba volver a hablar con él hasta dentro de una semana como mínimo. Entró en mi habitación con paso cansado, arrastrando los pies, estaba pálido, ojeroso, los cabellos, lacios y sudorosos, le caian, desordenados, por la frente. A mí me estaba costando mucho aceptar que este fuera el mismo Roberto que me había venido a ver tan solo tres dias antes, cuando habló:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hola Chak  me dijo (él siempre me llamaba chak) y su voz sonó vieja y cascada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo agarré por el brazo y, frenético, aterrado, le pregunte: &quot;Joder, mierda Robert tio, que coño té pasa&quot;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&quot;He vuelto a ver a Liss&quot; fue su única contestación, y cayó, incosciente, dormido, en mi regazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo acosté en mi cama y esperé hasta que se levantara, mientras, las preguntas sin respuesta rebotaban contra las, desesperadas, aterradas, paredes de mi cráneo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estubo cinco horas tumbado en la cama, descansando de los muchos horrores que, seguramente, había vivido en los ultimos días, mas, al cabo, cuando yo ya creía que iba a sufrir un ataque debido al creciente estado de nervios, ansiedad, dolor y frustración, que, a cada instante, se enseñoreaban, con mayor fuerza, de mi alma, con un leve movimiento de cabeza y un murmullo, sus parpados se abrieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rapidamente llegué hacía donde él estaba y, presa de la angustía, le agarré con fuerza los hombros y comencé a hacerle preguntas... Preguntas que pasaron completamente desapercividas a la, diluida, consciencia de Roberto, que aun estada medio dormido...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dije que lo mejor que podia hacer era tranquilizarme, y, por dios que traté de hacerlo, pero, no fue hasta que Robert, mi querido y desaparecido Robert, me dijo, con una voz clara y limpida, libre de todo atisbo de sueño o de miedo, que me calmara, que no logré hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando al fin me hube calmado Robert comenzó a explicarme, entre susurros, lanzando miradas furtivas a su alrededor, como si temiera algo, toda la historia...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&quot;Ayer  me dijo- mientras estaba en el chat, volví a ver a Liss... Al principio me alegré, pués hacía tiempo que no la veía, comencé a hacerle preguntas, como que había hecho todo este tiempo, por que no se había conectado, pero ella no contestó a ninguna, simplemente apretó el enter, sin escribir nada, con lo que su nombre se repitió, tetricamente, en mi pantalla, intercalado con mis propias preguntas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Liss...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Liss...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Liss...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Estaba desconcertado, por lo que le pregunté si aun estaba enfadada por lo que había pasado hacía ya casi dos meses... Nuevamente su única respuesta fue su nombre. Liss. Entretanto, las demas personas seguían hablando, ajenas a nosotros, y, Mar, en esos momentos me preguntaba algo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;No sé lo que fue, por que no lo pude leer, estaba prendado con el nombre de Liss, no dejaba de mirarlo, ya que me parecia como si saliera de la pantalla, como si intentara llegar hasta mí y cogerme, acariciarme, ahogarme...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Un mensaje privado se abrió, en ese momentó, ante mis ojos... Estos mensajes sólo los pueden ver, la persona que lo escribe y la persona que lo recibe (te lo explico por que sé que nunca has estado en un chat, Chaki), es, casi, como si estuvieras hablando al oido de la otra persona, susurrándole tus más intimos pensamientos...&quot;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo asentí, completamente embobado con la explicación de Robert, deseoso de que continuara y revelara así los misterios que atormentaban mi cansada mente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Robert, agarrando mi brazo y acercandose más a mí, continuó la explicación:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&quot; Pues bien, el susurro que llegó hasta mis oidos en esa ocasión, tuvo la virtud de dejarme completamente helado, paralizado, mientras una gota de sudor frío resbalaba por mi frente. El mensaje era, como supondras, de Liss, y decía lo siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;-Por que lo hiciste, yo té queria&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;No sabía que contestarle, como te he dicho, me quede helado, petrificado, una angustía inmensa, que no entendía, invadió todo mi ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Al fín, al cabo de unos segundos que se me hicieron eternos, logre responder:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;- No te puedes enamorar de alguien que no conoces... -dije quitándole peso a sus palabras, y me sentí un poco mejor, por que es cierto, no te puedes enamorar de alguien que no conoces...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Yo te queria y tu me engañaste, yo te conocia pero todo era mentira...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Llegó, veloz como la luz, su respuesta, que, nuevamente, me dejó desarmado y desvalido, sin saber que contestar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;-Pero nada era mentira... Contesté, sin saber que decir&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;-Yo te queria... Dijo ella, y lo volvió a repetir, y otra vez y otra y otra, hasta que creí que todo el mundo eran esas palabras, que no existian nada más que ellas, que ellas lo eran todo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;- Yo te quería...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;-Yo te quería...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;-Yo te quería...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Triste y doliente letánia, que me partía el corazón y me desgarraba el alma, pues no había nada que pudiera hacer para acallarla...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;-Ya es tarde, muy tarde, ¿dónde has estado todo este tiempo? -pregunté&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Su respuesta tardó unos segundos en llegar, pero cuando lo hizó todo pareció paralizarse, quedarse quieto, en silencio, un frío intenso, intensisimo, ya que de mi boca surgíeron vaharadas de vaho y comencé a temblar, se adueñó de la habitación, al mismo tiempo miles de gotas de sudor, tan frias como la estancia, perlaron mi frente, y sentí que me mareaba, ya que esta fue su respuesta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;-Muerta&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Una sola palabra que destrozó, de un plumazo, todo mí ser...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;-Esp no ess posiblr&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Escribí, ajeno al frío, ajeno al terror, que me convulsionaba y hacía que me agitase, presa de horribles escalofríos y temblores, que me impedian escribir correctamente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;-Liss&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Nuevamente, su nombre fue su unica respuesta, incrementando, si cabe, el horror que habia hecho presa en mí, por que estaba solo en mi habitación, solo, con el zumbido de ordenador, que parecia acusarme, culparme, solo, sin nadie que pudiera ayudarme, solo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;-Eso no es posible&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Repetí, esta vez con cuidado de no hacer faltas ortográficas, para que no viera el temblor que se había apoderado de mis manos y de todo mi ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;-Nunca conoceras a Mar, no te dejaré, moriras por mí, como yo he muerto por ti...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Nooooooooooooooooo  grité, desesperado, a la negra habitación, que parecia rodearme, abrazarme, aplastarme, y, en ese momento, la corriente electrica se fue durante un segundo, el ordenador se apagó y la conexión se perdió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Escuché un ruido en la habitación de mi madre y como se levantaba, seguramente, alertada por el desgarrador grito que había quemado y lacerado mi garganta, a la vez, senti, que no estaba solo en la habitación, que había una presencía, terrible y poderosa, que me amaba y que me odiaba, y que extraía su fuerza de ese odio y ese amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Creo que por primera vez en mi vida deseé que mi madre corriera, que se diese prisa por venir a mi encuentro, pués estaba solo, desamparado y desvalido, acurrucado contra la pared, y cubriendo con mis brazos la demencial mueca de horror que se dibujaba en mi cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Supongo que parte de esa angustía y ese apremio debieron transmitirse de alguna forma a ella, pues enseguida llegó hasta la habitación y, encendiendo la luz, exortizó las sombras que clamaban venganza sobre mi corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;-¿Que ha pasado Roberto?, ¿pór que has gritado?- Dijo, mientras el miedo se perfilaba en su mirada, y, alargando los brazos, corria en mi dirección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;-Nada Contesté, entre susurros-, nada, creo que ha sido un cortocircuito o algo así, por que el bicho me ha pegado una descarga...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;-Robert, me has dado un susto de muerte, ¿te encuentras bien?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;-Sí, sí... Oye, voy a ir un rato a casa de Chaki, ¿vale?, tengo que hablar con él de unas cosas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;-No, estas no son horas de molestar a nadie, quedaté aquí y duermete un rato, ya verás como mañana te encuentras mejor...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;-Mama, no lo entiendes... Dije, rogué, desesperado, intentando hacerme comprender, intentando que entendiera...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;-No, acuestate...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;-Esta bien -contesté, temeroso de quedarme solo, pero sabiendo que en cuanto se fuera a su habitración me escaparía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Y así lo hice, y vine a verte a ti...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&gt;&gt;Por que quiero pedirte una cosa... Chaki, querido amigo, ¿Querrás acompañarme esta noche a mi casa, para conectarnos al chat?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo estaba aun pensando en la terrible historia que Robert me había contado, y la pregunta me pasó desapercibida, hasta que la volvió a repetir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces le dije que sí, que lo acompañaria, aunque me pareciera una locura, por que, que más podía hacer, era mi mejor amigo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la doce y veinte de la noche, silenciosos y cabizbajos, nos dirigimos hacía su casa. Supongo que cada uno iba dando forma a sus peores miedos, dejándolos que entraran en su corazón e instalaran allí su reinado de locura... Al menos a mí me pasaba, y seguro que los miedos de Robert eran mil veces más demenciales que los mios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la doce treinta y uno o así llegamos a su portal, aun sin pronunciar palabra; Robert sacó las llaves, que tintinearon en la silenciosa noche, y abrió la negra puerta, cargada de funestos presagios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos introducimos furtivamente, sin hacer ruido, temerosos, subimos las escaleras y entramos en su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un gélido ambiente no esperaba en su habitación, para darnos la bienvenida, yo entré, presa de un escalofrío y Robert encendió el ordenador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tengo miedo Fueron las primeras palabras que pronunció en toda la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo también. contesté, encendí la luz y me senté a su lado- Así esta mejor...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí dijo el quedamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí. -contesté yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ordenador terminó de arrancar y nos metimos en internet. Cuando Robert abrió la página del chat le temblaban las manos, introdujo su nombre, mal, lo borró y lo volvió ha hacer, Kyro, ahora. Presionó el enter y el progama comenzó a ejecutarse. Estabamos aterrados, los dos, aunque, una leve, levisima esperanza, aun anidaba en nuestros corazones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta esperanza fue exterminada, irremisiblemente, cuando entramos en la habitación y lo primero que vimos, como si nos golpeara, fue el nombre de Liss, en letras negras, muy negras, demasiado negras, que parecía surgir de la pantalla, casi como si nos quisiera tocar...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Está aquí Dijo Robert, y yo asentí&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enseguida un privado se abrió ante nosotros&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No estas solo, ¿tienes miedo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por que me haces esto? - escribió, desesperado, Robert.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por que te quiero...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cogí el teclado, Robert estaba paralizado, con los ojos desmesuradamente abiertos y las pupilas tan pequeñas que casi no se veían. De su boca, desencajada por el terror, surgía un monóto &quot;no&quot;, que se repetía y se repetía, como un desesperado salmo, hasta el infinito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Muérete Escribí, inundado por el odio, inundado por la rabía, la impotencía y la frustración, que habían regresado, dandome unas energías de las que creía que carecía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya estoy muerta, por su desgracíado amor me quité la vida, y por mi amor maldito él vivirá para siempre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegó el privado, la bombilla, que era la única iluminación de la habitación, aparte del odioso parpadeo del monitor, estalló, con un ruido sordo, en mil pedazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El motinor, que esparcía su luz iluminando pobremente la estancía, comenzó a fluctuar, un diminuto agujero se abrió justo en el centro de la pantalla, como si esta estuviera hecha de agua y fuera atravesada por un objeto invisible; entonces la superficie, de cristal, comenzó a girar alrededor del agujero, ensanchandolo, creando diminutas olas de cristal liquido que fluctuaban y proyectaban danzarinas sombras sobre los objetos de la habitación, cada vez con mayor velocidad, cada vez más rapido, hasta que nos vimos envueltos en un espantoso remolino de sombras y de terror, que hacía girar todos los objetos de la estancía a una velocidad de vértigo, sin producir ningún sonido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo veía como Robert, irremisiblemente, era atraido hacía el monitor, que ahora se abría, ávido, con el cristal liquido fluctuando en los bordes y una negrura infinita acechando en su interior, ante él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, sin poder hacer nada, excepto gritar y gritar, y girar y girar, como toda la estancía, ví como el demencial, el aberrante monitor, se tragaba a Robert.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando todo lo que era Robert desapareció dentro del maldito aparato todo volvió a la normalidad. La estancia se detuvo y el monitor volvió a ser un monitor, como si nada hubiera pasado, como sí mi amigo aun estubiera conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrabiado, mirando al monitor, golpeé con mi puño el teclado y grité a la negra habitación &quot;¿Por qué?&quot;, péro mi voz se quebró, y las lagrimas inundaron mis ojos. En ese instante ví como el nombre de Liss desaparecía de la habitación, no la abandonó, si no que desapareció. También ví otra cosa...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo último que ví fue lo más terrible, lo más horroroso de todo. Eso es lo que me hace tener pesadillas por las noches y me impide, implacablemente, conectarme a una chat, por que Kyro, sin que nadie escribiera nada en el teclado, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-NO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y lo repitó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-NO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo salí corriendo de la habitación y de la casa, mientras las lágrimas y el dolor me consumian y me decía a mí mismo, me repetía una y otra vez, que Robert estaba muerto, que lo mejor era que estuviera muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora ya saben por qué nunca me conecto a un chat...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podría encontrarme a Kyro...</summary>    </entry>    <entry>        <title>UNA MANCHA EN LA PARED</title>        <link rel="alternate" type="text/html" href="http://2cuentosdeterror.blogcindario.com/2007/12/00005-una-mancha-en-la-pared.html"/>        <published>2007-12-29T01:11:36+01:00</published>        <updated>2007-12-29T01:11:36+01:00</updated>        <id>http://2cuentosdeterror.blogcindario.com/2007/12/00005-una-mancha-en-la-pared.html</id>        <author>            <name>misterganster</name>        </author>        <summary type="html">Eran ya casi las doce y media cuando yo, aún sentado en el sombrío estudio de mi casa en la playa, armado con afilada pluma y envuelto en la armadura de mi batín de paño, me disponía a finalizar mi velada creadora, apagar las lámparas de aceite que iluminaban la estancia mientras me preparaba mentalmente para caer entre los mullidos brazos de Morfeo durante toda aquella noche invernal del 16 de febrero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lentamente terminé de retocar con un ligero trazo de mi pluma aquél poema al que había estado dando vueltas toda la tarde. Pero, pese a tener un fuerte sentimiento intuitivo alrededor de los primeros versos, finalmente observé abatido que había vuelto a escribir uno de aquellos  poemas, entre vulgares y simbolistas, cuya fuerza estética (si es que tenían alguna) era sin duda el engañoso fruto subjetivo de mi voluntad frustrada y no de un maravilloso arranque de genialidad literaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según  Juan, mi inspiración (antaño tan creadora) se había detenido en el pasado, y nada, ni siquiera un sobrehumano esfuerzo por escribir, lograría hacerla volver a mi vieja pluma. Cualquier otro se habría reído de él: hay quien dice que la poesía es sólo fruto del perfeccionamiento estilístico y de un prolongado trabajo del poeta. Por desgracia, yo soy de los que buscan una poesía más intuitiva, menos fría y más humana. Por este último motivo yo estaba completamente desanimado y terriblemente apático en todo aquello que no implicase el escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella repentina &quot;falta de talento&quot; que experimenté durante aquél invierno vino acompañada, casi simultáneamente, por un cambio de mis preferencias artísticas: ya no surgirán de mi inconsciente pluma versos entonados al amor incontenible y confuso que sentía por la vida, la vida personificada en ella... Ahora se apoderaban de mi mente pensamientos de los más negros que pueden jamás haberse imaginado. Pero estas oscuras y tenebrosas sombras que acechaban mi alma eran sólo meros atisbos de una realidad no empírica que sentía fuera de lo que llamamos Mundo, algo más allá  de lo que el ser humano puede llegar a comprender sin perder completamente el juicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Verdes espectros de seres escamosos con tentáculos innúmeros abordaban la complejidad de mis recuerdos, elevándose desde las siniestras  brumas de mis sueños a la parte consciente de mi memoria, como si quisieran pasar a formar parte de mi realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, en lugar de asustarme, me proponía con seriedad y deseo los retos poéticos que estos temas en mí despertaban, ya que se me sugerían cosas inexplicables, seres indescriptibles... Sería un enorme placer describirlos usando las emociones que en el hombre despierte el verso, unas emociones que no son descriptibles mediante meras palabras, pues el hombre no puede más que intuir estas verdades como sombras de una figura monstruosa recortándose frente a la luz de la luna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, cuando  sueño con los seres que visitan mi cerebro por las noches, procuro estar alerta para, a la menor incidencia, despertarme; para así saber si comprendo la realidad que los compone. Sin embargo, no me atrevo a subir a mi habitación el material de escritura. No quiero que si algún día veo (o recuerdo) todo lo que en sueños se me ofrece y al despertar se me niega; sea capaz  de plasmarlo en el papel, ya que sería ese un recuerdo que permanecería imborrable por el resto de mi vida, atándome a la locura permanente del que vive el miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las lámparas humeaban apagadas, mis pies se arrastraban con pesadez hacia las escaleras angostas que llevan a la buhardilla donde solía dormir. Entonces, al disponerme a subir los escalones de madera, me volví a fijar (como cada noche inquieta que pasé en mi nueva casa) en la húmeda mancha oscura de la pared del pasillo. Aquella mancha no tenía ninguna forma definida que me pudiera inspirar temor, pero una extraña inquietud me azotaba al mirarla, como si fuese la costra superficial de la piel de algo cuya realidad se hallaba tras aquella pared... hasta tal punto llegaba mi obsesión debido a la influencia de los sueños que me visitaban cada noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La observé de nuevo, como hacía cada noche al subir a mi habitación y, como todas las noches, comprobé que la humedad verde que formaba aquél putrefacto dibujo en mi pared seguía expandiéndose por ella,  contaminando el blanco tabique de yeso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un paso hacia ella, mi mirada clavada en la desconchada superficie que abarcaba el cerco de humedad. Apartando inconscientemente la única lámpara que quedaba encendida en la casa (y que llevaba en la mano izquierda) de aquél trozo pútrido de pared. El olor agrio que emanaba  de la mancha me invadió con violencia y me hizo retroceder, según creía yo, ligeramente mareado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ligeramente &quot;intoxicado&quot; por arcadas convulsivas y por nauseas (más bien mentales que fruto de la realidad que todos entienden por verdadera) retrocedí unos pasos y, después, recorrí rápidamente los peldaños de crujiente madera que me separaban de mi ansiado lecho. ***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya una vez metido entre las mantas, en lugar de sentirme evadido de todo temor, como era costumbre en mí, considerando ajeno a todo aquello que sucedía fuera de mi cuadrilátero lugar de reposo, más bien me sentía amenazado, debido a que era consciente de que &quot;aquello&quot; de lo que provenía el líquido rezumante en la pared de la planta inferior se hallaba justamente debajo de donde yo yacía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mirando al techo de color oscuro, que alcanzaba a distinguir debido a la tenue luz proveniente de la luna que penetraba entre las cortinas de mi habitación, no podía cesar de pensar en lo que se encontraba bajo mi suelo, entre los bloques de ladrillo y yeso que formaban el inexistente hueco de la escalera. El frío temor de un imaginario e inminente ataque desde debajo del colchón atenazaba mi espalda, haciendo que los riñones se contrajeran provocándome un grave dolor en la zona lumbar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Traté de conciliar el sueño, tumbándome de lado. Mirando con los ojos, llorosos de cansancio, hacia el exterior de la ventana, hacia el cielo negro dónde la luna colgaba, ofreciéndome su luz. Pero la visión de la pálida luna (casi llena) no podía hacer más que rememorar en mí los recuerdos de todas aquellas bestias que disfrutan de sus presas por la noche... y no podía dejar de darme cuenta de que la noche, aunque implique el descanso de lo humano, no deja de ser el día para monstruos innombrables capaces de cualquier atrocidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos mis pensamientos me inquietaban. Llegué a sobresaltarme del propio tacto del pijama, incluso de mis sábanas, húmedas por el frío sudor, símbolo del miedo,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras algunas horas (que quizás fueron minutos, pero que la eternidad del pánico convirtieron en siglos) de oir un impertinente  goteo en el piso de abajo, ya advertido por mí desde el primer día, pero que nunca había merecido más consideración que lo meramente rutinario, sentí que me volvía loco. Esperaba, mirando hacia la inmóvil puerta, que ésta se abriese dejando franco el paso a la innominable criatura que vivía bajo mi escalera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me levanté, con miedo de poner los pies sobre el marmóreo y frío suelo, y me dirigí hacia la ventana, abriéndola y sacando mi cabeza al frío ambiente nocturno. Me tranquilicé bastante al ver las blancas nubes corriendo suavemente bajo el albo satélite lunar, al oír al grillo, cantor de la noche, cuya canción puede llegar a exasperar al durmiente frustrado, pero que a mí me devolvió a la realidad que estaba a punto de perder por siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aire fresco me sentó muy bien, la cordura se volvió a adueñar de mi persona, desterrando a la locura intuitiva que había exagerado hacía tan poco rato, debido a mi espíritu extremadamente emotivo y exagerado. La soledad que me acompañaba desde el día que compré el caserón hacía que mi imaginación volase alto y en torno a lugares que jamás habría querido yo, voluntariamente, visitar. Pero ya estaba todo en paz de nuevo. ***&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Al entrar de nuevo en mi rancia habitación, la desesperación y el desaliento me aplastaron bajo un peso sobre mis hombros y mi alma que me hizo caer, inerte, al suelo. Aquello existía, la puerta estaba entreabierta, y la maligna entidad que permanecía junto a los peldaños de madera, emparedada desde hacía innumeros años, dejaba ver un reflejo de su corrupta y leprosa alma, bajo la forma de una neblina color mostaza que ascendía de debajo de la cama en forma de pútridas volutas de humo cuyo amargo olor se me hacía insoportable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, en un arranque de furia provocada por mi locura, bajé a la planta baja, pasando sin volverme junto a la monstruosa mancha de la pared. Entré, con la lámpara de aceite que portaba en alto, en el trastero donde guardaba todas las pertenencias olvidadas por el anterior dueño de la casa, y, no encontrando ningún pico ni martillo lo suficientemente grande, agarré un hacha roma, vieja y rojiza por el óxido, volviendo hacia las escaleras, fuente y fin de mis temores más profundos e incomprensibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer golpe descargado por el filo viejo sobre el yeso, que saltó en pedazos blanduzcos, rezumantes de un verdoso limo, hizo que la cabeza del hacha  se hincase en la pared... y al sacarla de su aprisionamiento, un tufo  agrio (como el de la leche pasada) inundase todo el corredor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mareado por la vaharada del pútrido aliento de la pared, y exaltado por mi febril estado, continué descargando golpes al tabique, que en lugar de despedir  trozos compactos de yeso carcomido por el impacto del pico, empezó a supurar grandes cantidades de verde y denso líquido que empapaba el suelo y salpicaba las paredes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se cuánto tiempo permanecí golpeando la infecta muesca hecha por mí en la pared, pero con el esfuerzo de mi mente enferma  logré abrir un agujero en ella de, más o menos, el diámetro de mi cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fui a asomarme por el negro boquete rodeado de chorreantes babas y algunos gusanos interceptados por mi hacha durante su trayectoria por el yeso. Pero cuando acerqué mi rostro al agujero una vaharada de fétido aire invadió mis fosas nasales, provocándome un terrible shock. Caí contra la pared del pasillo magullándome el hombro izquierdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en aquellos momentos no sentí ningún dolor, mis sentidos se hallaban saturados por el aullido de mis lacerados pulmones, quemados por aquél corrupto aire...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquél momento miré de nuevo el agujero... Jamás podré describir, ni en el más melancólico poema -por muy tenebroso e inquietante que éste sea- la parte de la figura que asomó durante aquel breve instante por el otro lado del improvisado vano, para después retroceder, dejando que aquello que chorreaba por las paredes de la sala volviese a cubrir el agujero: ventana hacia un mundo exterior que aquél recluido ser parecía preferir ignorar por el momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora me encuentro tumbado en una cama del hospital situado a las afueras del pueblo, hospital que tantas veces divisé desde mi buhardilla durante los s días claros, tan escasos en aquella comarca costera. Recuerdo aquella noche de incomprensible locura e irremediable temor. Nadie, si siquiera los médicos que me encontraron en aquel estado casi catatónico, me quieren explicar cómo me hallaron y la situación del pasillo de mi casa...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer, un colega de profesión y gran amigo me comentó que, cuando él llegó a mi casa, la pared que yo le indiqué por señas olía a yeso fresco y aún estaba blanda, evidenciando alguna reciente obra. Esto es prueba de que aquello  existe, y yo volveré a la casa para derruir esa pared y desvelar ese ente que garantizará atemporalmente una inagotable inspiración por el resto de mis días...</summary>    </entry>    <entry>        <title>LA TRAMA MACABRA</title>        <link rel="alternate" type="text/html" href="http://2cuentosdeterror.blogcindario.com/2007/12/00004-la-trama-macabra.html"/>        <published>2007-12-29T01:06:30+01:00</published>        <updated>2007-12-29T01:06:30+01:00</updated>        <id>http://2cuentosdeterror.blogcindario.com/2007/12/00004-la-trama-macabra.html</id>        <author>            <name>misterganster</name>        </author>        <summary type="html">El hombre se encontraba solo en su habitación, como era costumbre en los últimos 12 años, desde que su esposa falleció. &quot;Su caso es terminal; sólo es cuestión de días, tal vez unas pocas semanas&quot; le informó el oncólogo Su resignación tardó en llegar, pero llegó y se convirtió en rutina, al igual que su trabajo como encargado de la estafeta postal número 21 de Barracas. Los dolores articulares siempre, musculares a veces y óseos esporádicamente, le recordaban a diario que su retiro estaba próximo.&lt;br /&gt;Se acomodó en su sillón favorito, apoyó los pies sobre el viejo taburete y, con el control remoto bajo su mando, comenzó a barrer la pantalla televisiva buscando alguna película que lo distrajese, al menos por un breve lapso, de la tortura diaria de soportar su asfixiante soledad.&lt;br /&gt;Se detuvo en el canal 39, no porque la escena lo atrapara, pues la película estaba empezada, pero sí por su música. Era orquestada, con acordes que denotaban suspenso. En la pantalla, la sombra se recortaba contra los muros gastados del edificio. Su andar era pausado pero firme, aquella figura siniestra era el condimento ideal para esa música que crecía en intensidad; sus acordes inspiraban miedo y desazón. De pronto, al cruzar un callejón iluminado, esa diabólica efigie dejó ver su rostro. Fue un instante que bastó para que el hombre se sobresaltara de terror. Sin duda, la escena lo había atrapado.&lt;br /&gt;Se sintió inquieto, con un cosquilleo interno que le provocó un escalofrío breve y molesto. Aplastó con fuerza su espalda en el sillón, como si quisiera introducirse dentro de él buscando protección, bajó los pies del taburete lamentando no haber visto la película desde el inicio y observó inquieto como aquella criatura del espanto se introducía por un oscuro pasillo hasta llegar al pie de una  escalera en forma de caracol.&lt;br /&gt;Nada hacía prever el desenlace. ¿Que oscuro propósito perseguía aquél ser abominable?&lt;br /&gt;Su ascenso era acompañado por estruendosos golpes de tambor. Un peldaño, dos... quince, primer descanso; Un peldaño, dos... el sonido del tambor lastima los oídos, quince, segundo descanso. La música hace un giro violento. Es, sin duda, aterradora. La figura se interna por el corredor en busca del último cuarto. En su trayecto extrae un cordel de un bolsillo interno y lo sostiene de uno de sus extremos. En la pared débilmente iluminada, se ve claramente como vivorea aquél elemento al compás de su andar. De pronto, música y figura se detienen. El silencio invade la escena y la habitación; su pulso se acelera, ansía el final, no soporta un minuto más de suspenso. ¿Y ahora qué?  Se preguntó . En un acto inesperado, aquél malévolo ser arremetió contra la puerta con una estruendosa, certera y destructiva patada. La madera cedió. La música acrecentó su intensidad hasta lo intolerable. El hombre estaba absorto, lleno de pánico, observando, a través de la hipnotizadora pantalla, cómo  la figura entraba en la habitación. Ahora son las dos manos las que sostienen tensamente el cordel asesino. La trama se aclara y el desenlace es obvio y quizá, hasta previsto.  La cámara que todo lo capta  se ubica por detrás del asesino, permitiendo observar que en el otro extremo, ajeno a cuanto acontece, de espaldas al intruso,  se encuentra un hombre sentado en un sillón ejercitando la sana, familiar e inofensiva costumbre de mirar  televisión.</summary>    </entry>    <entry>        <title>UNA FÁBULA PORTEÑA</title>        <link rel="alternate" type="text/html" href="http://2cuentosdeterror.blogcindario.com/2007/12/00003-una-fabula-portena.html"/>        <published>2007-12-29T00:29:40+01:00</published>        <updated>2007-12-29T00:29:40+01:00</updated>        <id>http://2cuentosdeterror.blogcindario.com/2007/12/00003-una-fabula-portena.html</id>        <author>            <name>misterganster</name>        </author>        <summary type="html">No es fácil encontrar el residuo de lo gótico en Buenos Aires. Es una ciudad de eterna vigilia, en donde lo mundanal ha ahogado lo fantástico y los relatos no tienen oyentes. Tal vez es cierto que ningún fantasma ha caminado por sus calles, que ninguna maldición se ha posado sobre sus casonas antiguas. Pero me basta caminar por la madrugada, en ese único momento en que la gran ciudad duerme para saber que sigue existiendo magia en sus veredas. Es una sensación, tal vez un sonido, un murmullo. Es un instante en que la muchedumbre durmiente no puede silenciar a los espectros. Esos fantasmas emiten su discurso pronunciado en antigua y desconocida lengua. Tratan de contar lo que les pasó a los transeúntes despreocupados, sumidos en el dolor de las almas que no estén en el cielo pero tampoco en el infierno. Y es entonces cuando yo, un romántico, un poeta, me pongo a escuchar sus relatos. Aunque no puedo entenderlos me gusta mecerme en sus palabras que dicen -yo lo sé- algo importante. Me gusta sentir que soy uno de los pocos que sabe sus secretos. Pero cuando la gente comienza a despertar, ellos callan y yo vuelvo a ser Raél Wilde, un loco, un fracaso. Aquel día había visto a un niño hurgando en la basura, a un par de borrachos cantando al unísono una vieja canción y a una prostituta ejerciendo su oficio. En las calles del barrio de Balvanera no es nada fuera de lo comían. Vivo en una casona en avenida Independencia, donde mis abuelos me educaron desde muy pequeño. De mis padres sóo existe una sombra. A veces recuerdo una sonrisa, unos labios finos, pero el accidente sólo me dejó fotografías e imágenes inconexas. Mis abuelos habían muerto dos años atrás, mi abuela primero y después mi abuelo. Los espectros, la música de un viejo tocadiscos y la frondosa biblioteca familiar eran mi única compañía. Cuando los rayos de sol comenzaron a asomar y no había nada más que escuchar en las calles, volví al hogar. Me aguardaron dos horas de éxtasis poético, escribiendo pulcros versos, que serían condenados al fuego cuando la mañana siguiente me sorprendiera con la falta de talento. Luego me sumí en la obra de Poe y en la fina prosa de Lovecraft. Leí alguna monstruosidad porteña de JJ Bajalída, pero no quede satisfecho. Me levanté para tomar un libro más, para ahondar más en ese laberinto de roble que contenía fascículos inéditos coleccionados por varias generaciones. Un tomo ennegrecido por el tiempo me llamó la atención. Fue por esa idea singular de lo estético que me había acompañado durante toda mi vida. Un libro de esas características, polvoriento, antiguo, no podía dejar de tener saberes dignos de conocer. Estética de alquimista, decía mi abuelo, burlándose de mi ingenuidad. Pero mi intuición -lamentablemente- no falló esa vez. Abrí el fascículo. &quot;El Manifiesto de Aurelio&quot;, señalaba la primera hoja en tono imponente. Ante mi asombro era un manuscrito. Identifiqué la letra de mi abuelo, fina, ese tipo de letra que se ha perdido. Señalaba ser una traducción de un original en latín escrito en el siglo XVII. Parecía ser más una obra sensacionalista, que algo digno de mi atención.&lt;br /&gt;Estuve a punto de cerrarlo y volverlo a colocar en su estante en la biblioteca, pero por algún motivo comencé a leerlo. Había algo en la forma en que estaba escrito, algo en las palabras, que lo dotaban de un terrible realismo; por más de que había muchos hechos fantásticos que no creería ni un chiquillo de cuatro años. Era la vida de un abad francés, Aurelio, que había estudiado la cábala y alquimia.&lt;br /&gt;&quot;Dios es invisible ante los ojos de los hombres; y sus hijos no deben desear ver su rostro&quot;, decía mi abuelo citando en su faena de traductor al religioso. Rescataba los morbosos rituales que había llevado a cabo aquel sujeto del pasado, hombre que nunca debió haber existido para bien de mi cordura y el de todos sus lectores. Aurelio vivió en Normandía. Huérfano, se crió en una abadía entre monjes. Hacia la adolescencia comenzó a llevar a cabo un profundo análisis teológico, que lo llevó a estudiar fragmentos de antiquísimas obras. Ya en su madurez comenzó a practicar la magia para acercarse a Dios &quot;pero el Supremo permanec\'eda distante, alejado&quot;. Comprendió que la mejor forma de estudiar a Dios era a través de la magia negra. Se acercó a los dioses paganos a quienes los antiguos europeos rendían pleitesía. Estudió la magia negra y descubrió cultos que habían sobrevivido desde la antigüedad hasta el presente. Supo que tras todo sacrificio, tras todo ritual existía una entidad, así como existía un Dios que la había creado. Practicó actos impuros y bailó junto a las brujas en sus aquelarres. Envejeció entre los males del mundo, pero su fin era santo, digno de un hombre de Dios. Quería acercarse al Supremo y para ello debía recurrir a su antítesis, al mismo demonio. Ya en su lecho de muerte, consiguió cita con el Maligno. La figura oscura acudió a su puerta, entró impetuosa a su habitación y le susurró al oído:&lt;br /&gt;-Toda la vida has tratado de ver algo que no existe. Yo soy el único y el de siempre. Ahora la muerte te recoge y sabes que no hay más que dolor tras el umbral. Más dolor aún por la esperanza perdida. Vi crepitar las hojas del trabajo de mi abuelo. La bebida me ayudó a olvidar... olvidar por un tiempo aquello que había leído. Pasaron días antes de que pueda salir nuevamente a las calles. Pero cuando el valor regresó, ahí estaba devuelta la madrugada de Buenos Aires, con sus espectros ignorados. Seguían balbuceando su discurso intangible. Pregunté a ellos si era cierto pero permanecían distantes, imperturbables como siempre. Una mano se posó en mi hombro. Reconocí detrás mío, en el fantasma que se me presentaba el rostro antaño afable de mi abuelo.&lt;br /&gt;-¿Qué pregunta te aflige?&lt;br /&gt;-¿Es verdad? ¿Es verdad que no existe?&lt;br /&gt;Sonrió y se perdió en la neblina matinal.</summary>    </entry>    <entry>        <title>Deir el Bahari</title>        <link rel="alternate" type="text/html" href="http://2cuentosdeterror.blogcindario.com/2007/12/00002-deir-el-bahari.html"/>        <published>2007-12-29T00:10:47+01:00</published>        <updated>2007-12-29T00:10:47+01:00</updated>        <id>http://2cuentosdeterror.blogcindario.com/2007/12/00002-deir-el-bahari.html</id>        <author>            <name>misterganster</name>        </author>        <summary type="html">Egipto. 13 de Marzo de 1897.&lt;br /&gt;A quien por desdicha del azar me encuentre:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Huye de aquí, viajero. Huye de este lugar maldito que jamás debiste visitar. Ese reseco montón de huesos que ves a tus pies es la advertencia, la señal de que has llegado demasiado lejos, de que has cruzado la puerta que conduce a la locura. Quizá aún estés a tiempo: huye. Ricketts lo intentó, y, aunque no puedo asegurarlo pues su figura se desvaneció en la tormenta de arena apenas abandonó la cueva, mi corazón me dice que logró cruzar el desfiladero y llegar a la llanura de El-Arhel. No te adentres en la cueva. No te dejes engañar por los extraños bajorrelieves, no prestes atención a su historia, a su canción de muerte que lleva esperando siglos...&lt;br /&gt;El resto de la expedición arqueológica de la que Ricketts y yo formábamos parte, encabezada por Sir Benjamin Morell, el famoso arqueólogo de Boston, y compuesta de otros tres hombres, llegó a esta la más desolada e inexplorada parte de Egipto con la intención de contrastar las teorías de Sir Morell. Nuestro líder sostenía que en esta árida franja de desierto entre las montañas de Deir el-Bahari se encontraban las tumbas, aún no descubiertas y con mucha probabilidad todavía no profanadas, de una dinastía de faraones antiquísima y cruel, cuyas infamias y despropósitos para con sus súbditos habían hecho que su historia se perdiese en las tinieblas de leyendas susurradas al oído de generación en generación. Sir Morell había bosquejado la existencia de las tumbas a través de decenas de viajes por la región, recopilando historias balbuceadas en oscuros patios por personajes considerados como locos y visionarios. Si logró reunir el capital necesario para tan disparatada expedición no fue sino gracias a mi apoyo ante el consejo de la universidad de Arkham, de cuyo cuerpo docente había sido yo parte durante años.&lt;br /&gt;La expedición partió de Boston el 12 de Enero, en un enmohecido velero de nombre &quot;Shelley&quot;, cuyos continuos vaivenes a la menor racha fuerte de viento ponía nervioso a la mayor parte del grupo. El viaje fue realmente tedioso. Por fin llegamos a El Cairo a principios de Febrero. Allí nos esperaba un equipo de guías nativos que ya habían colaborado con Sir Morell en anteriores expediciones. Esto no evitó, empero, que casi la tercera parte de los mismos desaparecieran en cuanto se les dio a conocer nuestro destino. El resto aceptó a conducirnos hasta Deir el-Bahari, si bien por una cantidad bastante superior a la previamente fijada. La travesía por el desierto se vio constantemente retrasada por desafortunados incidentes que no lograron, sin embargo, desanimarnos. Tres de los nueve guías egipcios desaparecieron durante el viaje, como tragados por la fría noche del desierto. Ninguno de ellos robó nada, ni siquiera provisiones o agua. Perdimos a otro guía más, así como al egiptólogo escocés Augustus Lloyd, durante una pavorosa tormenta de arena que se levantó el décimo día y que duró tres días y tres noches. De no haber sido por la habilidad de los guías para construir un improvisado refugio al pie de unas lomas de piedra caliza, abríamos sucumbido todos con total seguridad. Tardamos un día entero en recoger nuestras pertenencias, y tratando en vano de encontrar los cuerpos de los dos desaparecidos. Después de la tormenta planteamos a Sir Morell la posibilidad de desistir, pero el ímpetu en forma de brillo enfermizo que sus ojos despedían nos dio fuerzas para seguir. Tras otras dos semanas de duro tránsito por dunas traicioneras avistamos por fin el desfiladero de Deir el-Bahari, que se abría ante nosotros como una herida fatal en las montañas. El viento soplaba por él canciones siniestras cuyo significado tan sólo los guías egipcios parecieron entender, pues se negaron en redondo a seguir. Para entonces estabamos demasiado excitados con la idea de haber llegado como para preocuparnos de la irracional actitud de los guías, así que acordamos dejarles parte de las provisiones para que montaran un pequeño campamento a la entrada del desfiladero, donde debían esperar a nuestro regreso. No fue sino tras dos días más de lento caminar bajo la refrescante pero amenazadora sombra de los riscos del desfiladero que hallamos los primeros vestigios de ruinas, que confirmaban la existencia de algún tipo de construcción. Las ruinas eran poco más que piedras normales a la vista debido a la brutal erosión del viento y la arena, y habrían pasado desapercibidas ante ojos menos expertos y ansiosos que los nuestros. Poco se podía decir de la forma o función de la estructura en cuestión, pero por nuestras mentes pasaron sombras de enhiestos templos incrustados en la roca, fachadas de construcciones seguramente continuadas en grutas excavadas en la roca. Fue durante una más minuciosa comprobación del terreno que Rickett encontró la entrada de la cueva, en la pared Este del desfiladero, semi oculta por lo que parecídan ser los restos de una enorme columna. No tardamos en pertrecharnos con un improvisado equipo espeleológico y adentrarnos en la caverna. Si bien los treinta primeros metros resultaron ser bastante angostos, teniendo incluso que arrastrarnos en determinados puntos del recorrido, el techo de la gruta se elevó bruscamente al llegar a una especie de bóveda natural. Allí fue donde hicimos nuestro primer gran descubrimiento: una serie de bajorrelieves de extraña factura y espantosa antigüedad, que no encajaban en absoluto con lo hasta ahora documentado sobre arte egipcio. En vez de la rigidez y sencillez habitual de la época Tinita, fecha en la cual datamos al principio los bajorrelieves, éstos mostraban figuras semihumanas en posturas indescriptibles, seres extraños retorciéndose en un oscuro rito que no alcanzábamos a comprender. Todo aquello no sirvió sino para intrigarnos más y alimentar nuestras expectativas de realizar un asombroso descubrimiento. Los bajorrelieves parecían narrar la historia del pueblo que antaño habitó Deir el-Bahar, pues los frisos, si bien incomprensibles, insinuaban una continuidad casi lineal, un argumento evolucionante que, si bien nosotros no entendíamos, nuestro cerebro parecía empezar a asimilar. Nuestras lámparas de aceite alcanzaban apenas a iluminar un radio de tres escasos metros, pero parecía claro que los bajorrelieves se extendían largamente por la pared de la cueva. Fue así siguiendo los hechos probablemente de carácter mitológico tallados en la roca como os fuimos adentrando sin darnos cuenta en las profundidades de la gruta, cuya longitud parecía no tener fin. Creo que fue Rickett el único que se dio cuenta de que el techo se elevaba cada vez más, hasta alturas imposibles, y de que nuestras lámparas apenas ya alumbraban, no por falta de combustible sino por la extraña voracidad con la que la oscuridad la devoraba. Quizá por eso se fue rezagando del grupo cada vez más quizás por eso su mirada se enturbió con un pánico indescriptible, y quizás por eso logró escapar de aquí con vida. Cuando el resto llegamos al final de la cueva hacía ya tiempo que el charco de luz de la lámpara de Rickett se había perdido tras nosotros. Nos encontramos entonces con una pétrea puerta, cuyo marco no había sido concebido para permitir la entrada de cuerpos humanos, pues ángulos imposibles lanzados desde los casi irreconocible vértices del marco hacían pensar más bien en las retorcidas figuras de los relieves. No recuerdo con claridad quién fue el que empujó la puerta, tan sólo que ésta se deslizó sin resistencia hacia el interior, mostrando un estrecho corredor cuyo suelo estaba decorado con símbolos mareantes y sin sentido, y cuyas curvas y esquinas nos hicieron agradecer que no hubiera bifurcaciones en el camino, pues jamás habríamos sido capaces de encontrar el camino de vuelta. No sé durante cuánto tiempo vagamos por aquel corredor, con Sir Morell a la cabeza, la lámpara en alto, tratando de adivinar por fin el final de aquel corredor.&lt;br /&gt;De pronto las paredes volvieron a distanciarse, e irrumpimos en lo que creo que era la cámara funeraria de los faraones que las leyendas recogidas por Sir Morell insinuaban. Solo que no se trataba de faraones. Y tampoco estaban muertos... No relataré, viajero, lo que allí vimos. No me atrevería a repetir las espantosas imágenes que fueron la muerte de los demás expedicionarios, ni a narrar mi desesperada huida a ciegas a través de la oscuridad. La expresión de mi desencajado rostro bastó para que Rickett, que esperaba al principio de la bóveda de los bajorrelieves, se desmayara. Cuando recobró el sentido intentamos ganar la salida, pero allí nos esperaba una tormenta de arena cuya violencia e intensidad superaba con mucho la que anteriormente habíamos sufrido en el desierto. No soportaba la idea de seguir en la cueva, pero la primera tentativa de salir al exterior acabó con nuestro presto regreso al amparo de la gruta, nuestros rostros sangrando debido a la terrible fuerza con que el viento arrastraba la arena hacia nosotros. Esperamos en vano a que amainase durante horas, y fue entonces cuando entre los aullidos locos del viento pudimos escuchar un sordo sonido que venía de las profundidades de la gruta. Rickett me miró con angustia, y en mi rostro encontró la confirmación a sus terrores. Rickett se adentró de un salto en la tormenta. Espero que haya conseguido escapar. Por mi parte, hice lo que la conciencia me dictaba, ya que fui uno de los impulsores de la expedición, y por tanto responsable de lo ocurrido. Con una pequeña carga de dinamita, que llevábamos por si era necesario despejar alguna galería obturada por los desprendimientos, clausuró la entrada de la cueva, quedándome yo dentro...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que Dios me perdone, pero yo no acabaré como los demás. Espero que mi pistola aún funcione...</summary>    </entry>    <entry>        <title>LA OBSCENA DENTELLADA DE LA NOCHE</title>        <link rel="alternate" type="text/html" href="http://2cuentosdeterror.blogcindario.com/2007/12/00001-la-obscena-dentellada-de-la-noche.html"/>        <published>2007-12-29T00:08:55+01:00</published>        <updated>2007-12-29T00:08:55+01:00</updated>        <id>http://2cuentosdeterror.blogcindario.com/2007/12/00001-la-obscena-dentellada-de-la-noche.html</id>        <author>            <name>misterganster</name>        </author>        <summary type="html">Vi aquellos signos en la pared y supe que estaban preparando mi muerte.&lt;br /&gt;    Desde que llegué a esta pequeña aldea rodeaba de verdes bosques sospeché que algo me iba a pasar; no fue sólo la impresión que le daba la noche al pueblo y hacía que se desdibujasen los contornos entre la niebla; ni siquiera las palabras entreoídas al pasar cerca de alguna puerta entornada al volver de mis largos paseos por los alrededores; fue sobre todo el encuentro con restos de ho gueras recientes que yo jamás había visto en la noche pese a acostarme tarde, las extrañas formas circulares que quemaban el suelo, los restos de huesos de pequeños animales los que me pusieron en alerta y me hicieron poco a poco ir prescindiendo de mis largas caminatas antes tan reconfortantes.&lt;br /&gt;    Se bien que no podía prescindir de la plaza como maestro rural sin crear sospe chas, tampoco podía regresar a mi amado pueblo extremeño de Oliva de la Frontera con las manos vacías y un fracaso como resultado del primer trabajo decente que me había surgido en años; por eso me decidí a esperar, a sospechar de cada uno de mis alumnos, a aprender a ver más allá de aque llas ancianas que paseaban por las calles, siempre enlutadas, con una aparente docilidad fingida y una expresión  de un profundo dolor, que se refleja en sus rostros y en sus andares tan lentos como flexibles pese a la edad que parecen arrastrar.&lt;br /&gt;    Me decidí a esperar, velando cada noche, encerrado en esta húmeda y vieja casona, apenas sin dormir y vigilando siempre el nocturno cielo nublado por ver si conseguía distinguir una luz en el bosque, las huellas de alguna hoguera, algo que me sacara por fin de mis dudas aunque sólo fuera para caer en algo aún más terrorífico que esta espera sin sentido.&lt;br /&gt;    Por eso, cuando vi aquellos signos en la pared, supe que estaban preparando mi muerte. Fue así de sencillo, una revelación que me liberaba de la angustia anterior; pero que me dejaba aún más confuso y asustado. Estaba claro, no sabía porqué, pero estaba claro. Aquellas señales circulares en una esquina lateral de la casona marcaban un punto de inflexión, el momento esperado por las gentes de la aldea para cumplir uno de los ritos más macabros, el que se produciría aquella noche con mi sangre corriendo.&lt;br /&gt;    Más tarde supe que estaban preparándome para aquella fecha; que yo era tan sólo el eslabón de una larga cadena, que esa presen cia hostil desde mi llegada a la aldea estaba prevista, que mis sospechas y mi miedo era conocido por todos y que estaban esperando una señal, una fecha concreta para venir en mi busca; y yo, sin saberlo, se la proporcioné con facilidad.&lt;br /&gt;    Aún con un leve dolor de cabeza y un malestar en la boca del estómago sigo sin tiendo esta angustia, este pavor que me produce escalofríos y distingo claramente de la humedad y el frío de la noche. Una pasto sidad en la boca y un hormigueo constante me hacen tomar consciencia de lo que ha pasado, tengo una terrible sed. Me levanto despacio y apoyo los pies descalzos en el suelo, donde noto una profunda y lejana respiración, como si la tierra conociese mi presencia y me quisiese acompañar, o como si me marcasen un ritmo desde lo más profundo de la tierra que hubiese que seguir prescindiendo de la voluntad. Apoyo los pies descalzos en el suelo y con la certeza de que todo está ya preparado vuelvo a oler el vaso que se encuentra a mi izquierda en la mesilla... aconitina, sin duda. Cómo llegó a la botella de ribeiro casero es algo fácil de entender. Qué pretendían con ello...me llena de una angustia azulada y espesa. Retumba bajo mis pies el suelo como si de un lejano tam tam se tratara mientras contengo mi sed y logro convencerme de que es mejor seguir aquí en pie, de que si me bebo otro vaso de vino podré acabar con todo de una vez y liberarme así de este terror a lo desconocido, de este temblor terrestre que no se bien si es real o si es una secuela más de esta intoxica ción provocada.&lt;br /&gt;    Guiado por una extraña fuerza interior avanzo por la habitación, tambaleándome como un enfermo recién levantado, con la mente ocupada en descifrar la secreta clave de aquel sonido lejano mientras mis manos se aferran al marco de una puerta, y luego al de otra, y consigo salir a la fría noche lloviznosa que me despeja y me hace sentir la fatalidad de mi destino, pero me hace a la vez comprender que aún tengo tiempo de escapar, que no volverán a por mí hasta que acabe la fiesta nocturna y comience la cere monia como un rito de carne y sangre, de purificación y pecado. Me tambaleo por las callejas de la aldea y busco una salida hacia el bosque que no me conduzca a las hogueras encendidas que, ahora sí, resplandecen en las oscuridad. Entre tropiezos, con arcadas y una terrible sed logro contener mi miedo y avanzo, me caigo, me incorporo y sigo el oscuro sedero que me marcan la noche y el azar. Camino con la desesperación del moribundo y con la certeza del condenado, mien tras un color rojizo se va apoderando del cielo y noto como el suelo tiembla cada vez más cercano bajo mis pies descalzos, ya sangrantes por las piedras y las ramas.&lt;br /&gt;    El estruendo subterráneo es cada vez mayor; siento como todo me da vueltas,                       cómo la llamada terrestre se hace cada vez más cercana y sin saber como ni porqué me siento arrastrado por este temblor; como en un baile horrendo y tenebroso al que nos sentimos invitados aunque sepamos que seguirlo significaría nuestra destrucción. Me siento arrastrado  e intento escabullirme tras unos matorrales, me arrastro en el barro producido por esta leve llovizna, me acerco a un claro del bosque y mi sangre se detiene al contemplar la visión que muestran mis fatigados ojos entre las hogueras y el humo de olores crueles y sugerentes.&lt;br /&gt;        Cabriolas en el aire, bocas deformadas en terribles y escalofriantes gritos de gozo y dolor, cuerpos retorcidos que se revuelven y se juntan, se separan, se vuelven a unir en una desesperada y agonizante orgía carnal, labios que muerden y besan, que muerden y escupen, labios carnosos que incitan al sexo y a la más cruel violencia, pechos descubiertos, saltos entre las hogueras, ojos desorbitados, alaridos infernales de pavor y de orgasmo, penes de enormes dimensiones desgarrando profundas y húmedas vaginas, olor a carne podrida y flores de invierno, a hojas caídas y tumefactas y sudor de mujer entre las sábanas, largos cabellos azotados por el viento, lluvia que cae sobre las espaldas arqueadas y las purifica antes de una nueva perdición, sabor dulce de pecado, sabor amargo de fluidos corporales, luz ambarina, roja, negra, luz titilante de hogueras, cuerpos muertos, cuerpos vivos y muertos, cuerpos que viven y mueren, que caen y se levantan, que se yerguen y sucumben entre golpes, azotes y mordiscos, besos y caricias, abrazos desesperados y una confusión caótica de belleza y pasión, griterío incontenible en torno a la figura extática y sublime que se yergue entre todas, rodeada de un fulgor rojo cobalto que hace destacar su imponente cuerpo de diosa entre las deformes presencias a su alrededor, figura que se eleva sobre el suelo y flota dentro de un círculo abrasa dor trazado en el suelo, que mira y no ve, que se superpone a todo y rige todo, que provoca y excita, que aterra y seduce, que pronuncia oscuras palabras en una voz susurrante y lejana que apenas se logra distinguir entre los alaridos y el tremendo sonido de la tierra en movimiento, del suelo que acompaña esta danza macabra y rodea en vibraciones a la esbelta figura central de esta danza -o meu corpo de terra i o meu cansado esprito, expectro dunha paixón morta- que susurra en la lejanía las palabras que llegan hasta mi oído y hacen que se haga de pronto un silencio en torno a mi. Ya sólo escucho las sugerentes palabras para mi pronunciadas y el sordo y profundo latido de la tierra -e o sangue corre- que me rodean y me hacen avanzar en cortos pero decididos pasos entre las figuras que se retuercen, que me hacen avanzar sobre las hogueras y las brasas, sintiendo una dulce quemazón en las desnudas plantas de los pies -matar por no morrer- fijos los ojos en el cuerpo desnudo que flota dentro del círculo y ahora me tiende los brazos. Me aproximo a ese cuerpo moreno y sudoroso, ese cuerpo femenino que me llama entre susurros, que me tiende sus curvas, sus bien formadas caderas, sus pechos duros y esbeltos -ser a mellor muller-, que por fin alcanzo y se entrega mí dentro de este círculo dibujado con fuego en la tierra que nos acompaña con sus cada vez más intensos latidos.&lt;br /&gt;    El temblor de la tierra me acompaña mientras la poseo. Noto como se retuerce debajo de mí, como -los ojos cerrados- gime de placer bajo mi cuerpo. Me clava sus largas uñas en la espalda y el dolor es grato. Se acerca a mí y me muerde el hombro y mientras mana la sangre el daño es exquisito. Miro nuestras entrepiernas unidas que se mueven al compás del latido del mundo, miro la sangre en su pubis de la virginidad perdida y siento un terrible dolor, insoportable e indescriptible, y estallo en un gemido de terror al mirar sus ojos -por fin abiertos- y ver como me observan esas frías pupilas de fuego, esos ojos encendidos que se burlan de mi terrible sufrimiento. Me aparto de su cuerpo y descubro que las manchas de sangre que provienen se su vagina son mías. Descubro en su vulva, entre el semen y la sangre, unos agudos dientes, unos dientes tan amenazantes como su mirada, unos dientes que ya han logrado su objetivo; y pierdo el conocimiento mientras contemplo aterrado, mientras me desangro, su cuerpo perfecto y su estremecedora mirada coralina que me busca e indaga entre mis sufrimientos, eligiendo a su antojo, de entre mis recuerdos más ocultos, aquel que se apropiará como alimento.&lt;br /&gt;            Desperté con una blanquecina sensación de angustia y una dolorosa impresión de haber sido apaleado. Mis huesos crujieron durante más de dos semanas y las cicatrices producidas en aquella noche me duraron varios meses. A partir de ese momento me he dejado llevar por la vida, sin responder a ningún otro estímulo externo. No me extrañó levantarme en la cama de la vieja casona y que me atendiesen casi todas las ancianas de la aldea con un cariño antes desconocido, tampoco me sorprendió demasiado seguir recibiendo el sueldo mientras la escuela no funcionaba y yo me dedicaba a vagar por el bosque; el porqué sigo con vida y respiro cada mañana la brisa que viene desde el monte hasta mi habitación no podré saberlo nunca, pero cuando contemplo las pequeñas cicatrices que rodean mi pene me siento vivo y presiento que jamás podré ser tan feliz como lo fui aquella noche que guardo entre mis mas horrendas pesadillas. Ahora sólo vivo con el temor y la esperanza de volver a encontrarme con aquel demonio-hembra de piel suave y morena, ojos indescriptibles y entrañas húmedas y expectantes; aunque esta vez su vaginal mordisco me vacíe por completo y me absorba con ella hasta lo más profundo de su satánica presencia.</summary>    </entry></feed>
